Nueva publicación: TIEMPO DE BOLÍVAR. LA CAMPAÑA DE AYACUCHO - IEHMP

Nueva publicación: TIEMPO DE BOLÍVAR. LA CAMPAÑA DE AYACUCHO

26 de August de 2025

Libro de la autoría del doctor Héctor López Martínez, sobre los prolegómenos de la batalla de Ayacucho, culminación de la gran cruzada emancipadora en América del Sur, en que, aunadas las fuerzas patriotas provenientes de Colombia con las del Alto Perú, sellaron con su pasión y sangre la victoria final. De las páginas de este esclarecedor libro sobre nuestra emancipación y los años aurorales de vida republicana emerge la figura enérgica de Bolívar, el Libertador. El lector entrevé no solo la genialidad sino también los claroscuros de esa personalidad que con el Perú sostuvo una relación arisca y no siempre conciliadora, ya tempranamente desde que ejecutó la anexión de Guayaquil al territorio de Colombia, un puerto que había formado parte del virreinato del Perú.
El autor nos dice que Bolívar, consciente de que era imprescindible terminar con los últimos rezagos del poder español, acometió la formidable empresa que consolidaría la obra que había materializado en el norte. San Martín tenía también esa certeza de sellar la emancipación. Profundamente simbólica resulta la entrevista de los dos Libertadores en Guayaquil; en ella se pone de manifiesto el carácter de ambos: la arrogancia inherente a la gloria de Bolívar y la grandeza de alma de San Martín. El Protector le manifestó a Bolívar que si marchaba al Perú con su ejército, la victoria estaba asegurada; que él se retiraba del Perú. Y es que ambos genios no cabían en un solo teatro militar.
El 1 de setiembre de 1823 Bolívar, acudiendo al llamado del Congreso del Perú, arribó al Callao. Su recibimiento en Lima fue apoteósico, comparable al de un virrey. Con el título de Generalísimo con mando supremo de las fuerzas de mar y tierra, Bolívar emprende la gran tarea de formar el Ejército Unido Libertador, al mismo tiempo que soluciona los problemas internos de la República. A mediados de noviembre de 1823 había establecido su centro de operaciones en Pativilca. El historiador hace hincapié en el estado de salud del Libertador, afectado por el duro viaje y la altura. En marzo de 1824 toma importantes medidas, entre ellas la solicitud de auxilios a Chile y Buenos Aires. A fines de marzo ya tenía su ejército, con tropa tanto peruana como colombiana. Reunirlo en tan corto tiempo representó una labor extraordinaria.
Bolívar, con un alto concepto de los generales realistas, pone por ello esmero en formar un ejército excepcional. El 15 de junio de 1824 inicia la marcha a través de los Andes: el ejército realista, superior en número, era brillante desde todo punto de vista. Ambos ejércitos avanzaron por orillas opuestas del lago hasta encontrarse en los llanos de Junín. Bolívar es el director de la guerra. El historiador expresa que el triunfo es sorpresivo, totalmente ganado por la caballería peruana sin disparar un tiro: un enfrentamiento horroroso de sólo sables y lanzas que duró apenas cuarenta y cinco minutos. El triunfo, nos dice el autor, tuvo una importancia muy grande en el éxito final de Ayacucho. Para Canterac fue gravísimo: perdió tres mil hombres y pertrechos, pero sobre todo estaba el daño moral.
Y empieza la campaña para la batalla final. Transcurre el mes de noviembre, Bolívar ha partido a Lima dejando a Sucre con la responsabilidad plena del mando. El joven general tenía en mente el posible teatro de operaciones y la decisión de no postergar el encuentro. Fue a la zaga del ejército realista con el propio virrey La Serna al mando. En Corpahuayco, por una arremetida de los realistas contra la retaguardia patriota se perdió artillería de importancia. Sucre ordenó marchar a Huamanga tras el oponente. Escogió el campo de batalla: la Quinua. El día 9 de diciembre, los hermanos, parientes y amigos en ambos bandos se saludaron antes del combate. Los realistas atacaron con poderosa artillería a las fuerzas patriotas con exiguas municiones. Luego, el cuerpo a cuerpo, ferozmente, a la bayoneta. El choque no duró mucho y los jinetes realistas fueron despedazados por las lanzas llaneras. La Serna, herido, fue tomado prisionero; Canterac, solicitó una honrosa capitulación. El triunfo patriota selló la independencia del Perú y de América. El Libertador dijo: “La batalla de Ayacucho es la cumbre de la gloria americana y la obra del general Sucre. La disposición de ella ha sido perfecta, y su ejecución divina”. Una magnífica obra del doctor Héctor López Martínez, que a la erudición histórica aúna el relato cautivante y dramático de la gesta y sus personajes, que aparecen en su grandeza y también en su descarnada humanidad.
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