| Resumen | Manifiesta que hay un conjunto nutrido de cartas de Cochrane, entre febrero y agosto de 1821, que ilumina con minuciosidad el problema de la alimentación y de las enfermedades. Expresa que a todo este epistolario hay que añadir, a la seca objetividad del tema, el espíritu apasionado y polémico del Almirante, quien en la esencia del caso, lleva razón al reclamar por la deficiente asistencia que, en cuanto a víveres, recibe la escuadra: de los precarios alimentos se desprende el escorbuto, por deficiencia vitamínica; quéjase Cochrane de la alimentación preferentemente con carne salada, charqui y ausencia de frutas y verduras; habla con ilusión de legumbres frescas, de limones; habla de las limitaciones en la aguada. Señala que, entretejido plenamente con el tema de la alimentación y de las enfermedades está el de la sanidad y elementos sobre los médicos y hospital; comenta sobre la creación de la Junta Suprema de Sanidad; sobre las disposiciones para los buques procedentes de los países donde se ha desarrollado la fiebre amarilla; sobre el lazareto; las curiosas normas sobre la llegada de víveres al buque con enfermos contagiosos; sobre las fumigaciones; sobre la cuarentena. Menciona a los médicos, protomédicos y cirujanos al servicio de los buques de guerra y del hospital de Bellavista |