| Resumen | Señala que varías de las réplicas de las naves de Colón no fueron aparentes para cruzar el Atlántico, usando para demostrar esta aseveración las propias palabras de Colón, probando entre otras cosas que el Almirante varó su propia nao en Cuba debido a que era muy grande y necesitaba retornar más aprisa a España. Hace un detallado análisis de las ilustraciones contenidas en una carta náutica que se conservaba en la Catedral de Sevilla hasta fines del siglo XIX, a las que califica de las más fieles representaciones de las naves colombianas, concluyendo que toda réplica debe aspirar a las proporciones de las referidas representaciones. Además, sus propias experiencias atlánticas (1993 y 1998) lo han llevado a percatarse de las particularidades que debe cumplir una réplica en cuanto a forma de casco, superficie bélica y diversas proporciones entre la eslora, manga, puntal, volumen, etc |